Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos Desesperados. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos Desesperados. Mostrar todas las entradas

4 de mayo de 2009

CUENTO XVIII

Poco a poco se han ido, los tres tristes tigres de tus amigos, los dichosos, los inseparables, los solitarios, los que siempre están sentados en una banca; aquellos que cada semana te estafan una comida porque sólo tú tienes dinero para darte el lujo de comer bien. Ahora que no hay quien se apropie de tu sueldo, los extrañas.

Ella se cansó de esperar y decidió acercarse. Mala idea porque terminó odiando a uno de ellos. No sé que fue, pero a punto estuvo de casarse y se arrepintió. Mal por los dos. Lo siento por ella que tan buena era. Ahora ni siquiera saluda al pasar.

Yo decidí ponerme a escribir sobre sus vidas, y me parecieron patéticas. Quemé todo –unas páginas-, y decidí no volver a intentarlo. No tienen remedio. Los cegó la soledad y se desmoronaron como las hojas que veían a diario: aunque lento, irremediablemente se fueron al fondo. Creo que con solo pensarlo me da dolor de cabeza.

Nos cité para recordar los viejos tiempos, cuando todavía los veíamos ahí sentados echando la hueva. Nadie siguió sus pasos, pero todos lo desearon. Se convirtieron en toda una leyenda del colegio: los que jamás se movían de la banca. Nadie más huevones que ellos, no sé cómo pasaron sus clases, cómo simpaticé con ellos… ni siquiera sé por qué sigo hablando si ya dos de ellos se durmieron utilizando mis hombros como almohadas, el otro nada más mira mujeres con minifalda en lugar de ponerme atención. Y tú, no vuelvas a ofrecerte para pagar la cuenta, porque estos se lo toman muy, muy en serio.

24 de marzo de 2008

CUENTO XVII

El tiempo jugaba conmigo otra vez: tanto estar esperando la llegada a Puebla y nada, mas al ver el pinche reloj, la distancia que me parecía eterna había sido recorrida en menos tiempo del que creía. Eso me alegró, pues en verdad pensé que llegaría tarde a mi cita, y nunca se debe llegar tarde cuando se trata de una mujer.
Bárbara lleva por nombre la fémina que tuve el gusto de conocer. Y vaya que le asienta el nombre: ¡está... bárbara, buena, sabrosa; una ricura de mujer! Fue algo casual, incluso diría que hasta cómico, porque mientras todo el maldito mundo hablaba mal de mí y yo los ignoraba, ella se acercó preguntándome el motivo de esos dichos y habladurías. Y como era la última persona que esperaba se me acercara dudé al principio y no supe qué decir. Nada más verla se me turbaban los ojos, es decir, no las palabras adecuadas, al menos no por el sitio correcto. Pero al final de cuentas todo resultó bien, tanto que iba en camino a mi tercera cita con ella, quiero decir cita formal, porque ya muchas veces antes nos habíamos visto para tomar un café.
Todo eso se lo había comentado a una de mis amigas, la llaman Cara de Fuchi, por eso de que siempre anda con una mirada terrible que da miedo, pero es sólo apariencia. No está mal como mujer, de hecho de cuerpo está bien buena. Le agradó la idea de que hablara con Bárbara, es más, hasta me dio tips para intimar más con ella, tanto que incluso me expuso las formas en que le gusta a ella tratar con hombres y mujeres de una manera tan sugestiva... Al fin y al cabo me dijo que también sentía cierta atracción por Bárbara.
Y eso me llevó a pensar en Dolores, otra de mis amigas, que tampoco es fea, y que siempre ha tenido problemas en sus relaciones personales y termina desahogándose conmigo, al grado incluso llegué a pensar que podría haber algo entre nosotros. Pero no, porque conocí a Bárbara y la cosa va que vuela.

Llegué a tiempo para tomar la combi, y el pinche tráfico otra vez. Parece que el Destino no quiere que vea a la despampanante Bárbara. Desesperado, me topé con otra sorpresa: Dolores subió a la misma combi, triste como siempre. Y como bajaba en el mismo lugar que yo, no tuve más remedio que escucharla quejarse durante todo el desgraciado trayecto sobre su último fracaso.
Y el tiempo de mierda jugaba conmigo otra vez. Pues lo que me pareció una hora de trayecto, resultó ser la mitad de ese lapso. Algo de maravilla, pues la primera recomendación de María, la Cara de Fuchi, fue que jamás hiciera esperar a una mujer, más bien debe ser todo lo contrario. Y como tenía período de sobra, continué tranquilizando a Dolores. Se veía muy bien ese día que hasta me daban ganas de besarla, después de todo ya mis brazos la rodeaban con el pretexto de apapacharla.
Entonces llegó Bárbara y… ¡nos vio abrazados! O mejor dicho a mí abrazándola. ¡Gran problema! Pero su reacción fue diferente a lo que esperaba, pues en lugar de ponerse seria o indignada, se sentó junto a mí y me preguntó por ella, ya que notaba su tristeza. Las presenté, continuamos platicando y lo que era una cita para dos terminó por ser una terapia grupal, pues también mi futura vieja sacó a relucir algunos secretillos y pesares. Yo tuve que hacer lo mismo para no quedar mal.
Luego de un rato y unas cervezas ya nadie se sentía mal, sino que reíamos a carcajadas y nos burlábamos de nosotros mismos. Nos despedimos y Bárbara se ofreció a llevar a Dolores a su casa pues vivían por el mismo rumbo, además de que así yo no perdería el camión por ser ya tarde. De vivir yo en la ciudad y en las condiciones que nos encontrábamos, estoy seguro de que los tres hubiéramos terminado en casa de alguno de nosotros y no quiero pensar qué habría sucedido entonces. Se lo comenté a María al siguiente día después de quitarme la cruda.

Volví a citarme con Bárbara, pero nuestras conversaciones cambiaron de tono. Lo mismo ocurrió con mis otras dos amigas.

Días después caminando por las calles del centro, vi de lejos a Dolores y decidí seguirla. De algún modo tenía alguna esperanza de andar con ella si no lograba nada con Bárbara. Y cuál fue mi sorpresa al verla llegar a una banca y besar a… ¡Bárbara!
Me fui decepcionado, me topé con María, le conté todo. Me escuchó con paciencia, me dijo un par de cosas –yo vi otro par- y terminamos saliendo juntos. Hasta el día de hoy lo seguimos haciendo.
Que se mueran de envidia mis amigos, al fin que ellos siguen solteros.

22 de enero de 2008

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO XVI


El sol asciende al mediodía y tú estás ahí aburrido, solo, desesperado y harto del calor. Tu piel se quema con los rayos ultravioletas y tu rostro se transforma de mil maneras con cada reflejo de luz.
Tienes sed, y hueva y hambre y sueño y hueva y prisa y hueva. Pero el tráfico se ha paralizado totalmente y no hay escapatoria del micro.
Unos metros adelante sube una belleza inimaginable: blanca, rubia, delgada, ojos claros, piel fina, cuerpo proporcionado… Mira el interior del camión y descubre que sólo hay un lugar disponible: junto a ti. Te mira, te come con la mirada, sonríe, y se sienta.
La oportunidad perfecta para estar cerca de alguien así… pero eres cobarde y no dices nada, ni siquiera saludas, y permaneces sentado, tieso cual estatua, mirando por la ventana el lento rodar de las llantas de los autos.
El calor aumenta porque de nada sirven las ventanillas abiertas: no hay aire. La gente suda de calor, tú de nervios. Ella toma unas hojas y las utiliza de abanico… nada, sólo calor. Está esperando que le hables pero tú no reaccionas, eres un adorno más del micro.
Se quita el suéter, se remanga la playera… de reojo alcanzas a ver parte de su brasier. Voltea a cada instante esperando le hables, se muere de ganas por dirigirte la palabra, incluso sus piernas rozan las tuyas y cada vez se acercan más. Pero ni la roca está tan tiesa y dura como tú.
- ¡Qué calor! –dice al fin para iniciar la conversación.
- Mucho
- Y el tráfico es horrible, ¡cómo se les ocurre arreglar la carretera a esta hora!
- Sí.
- ¿Quieres que te preste mi suéter para atajarnos del sol?
- Bueno.
- Así está mucho mejor. De verás que esto del calentamiento global nos está afectando demasiado.
- Mucho
- Qué mal educada soy, me llamo Miriam.
- José.
- Y, ¿estudias?
- Sí.
- ¿Se puede saber qué?
- Literatura.
- Ah, ¿y no es muy pesado eso? Digo, se la pasan leyendo ¿no? A mí me gusta leer, pero no todo el tiempo… Yo estudio administración, y allí también leemos pero no tanto como ustedes. Seguramente eres muy inteligente.
- Dicen.
- Jajaja, no seas modesto.
La plática continúa por tiempo prolongado hasta que por fin el transporte avanza rápido. Interiormente podrías decir que casi te has enamorado, no todos los días se habla con una belleza como ella. Y la conversación cada vez se hace más y más intima. Te habla sobre lo que le atrae de los hombres, sobre sus otras relaciones. Ya casi son amigos que se conocen de años.

Te dice lo mucho que le agradó conocerte y te da su número de celular esperando le hables al otro día para salir – ¡el sueño hecho realidad!- y se baja calles adelante dejándote un mágico beso en la comisura de los labios.

* * *

Estás en tu casa aburrido, solo, desesperado y harto del calor. Saliste temprano de la escuela y no tienes nada que hacer. Tomas el teléfono y marcas imaginando cada número, suspirando a oír el “tip, tip”. Planeas toda la tarde: el café, el parque, las fotos, los abrazos, los besos, la envidia de los amigos cuando les cuentes todo… Una voz masculina te responde.
- ¿Miriam?
- ¿Quién habla?
- La busca José…
- ¡Cariño! –y el tono cambia por uno femenino- ¡Ay, disculpa!, es que todavía no me acostumbro a la operación.
Cuelgas.

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO XV


Vas muriendo con lenta monotonía. Siempre quisiste que fuera así, pero ahora te arrepientes porque estás harto de lo mismo: tu primera novia –la única- la tuviste a los trece años, a los quince terminaste con ella, te quedaste solo desde entonces. Has buscado una pareja pero nada funciona. Olvidaste que el trece es de mala suerte.
Y vas cayendo en ese estado de pereza cada vez más. No por evitar las cosas, sino porque ya no puedes hacer nada. Lo has intentado todo y fracasaste. Pero eso no ha evitado que te enamoraras de nuevo, tanto como no creíste hacerlo alguna vez. En eso nos parecemos: somos algo así como esclavos del sentimiento.
Y buscas hablarle aunque se te trabe la lengua y no encuentres las palabras. Miras su rostro y sonríes, es todo lo que haces, luego saludas y te vas. Escuchas sus palabras con atención intentando descifrar mensajes ocultos mientras te cuenta su vida, no hay nada, tan sólo esas palabras descubiertas.
Tus amigos se burlan de ti, algunos te llaman cobarde –y lo eres-, otros te dan tips para hablarle, también hay quien simplemente mueve los hombros y se va. ¡Eres una vergüenza para tu género! Lo has dicho siempre y es verdad. Pero no eres el único, ten eso por seguro, por lo menos hay un par que está igual a ti: buscan novia en la política, los libros, la fantasía, el medioevo, el esoterismo e Internet sin ver que en un mundo de carne y hueso hay más mujeres de las que podrían soñar. Pero eres fatalmente suyo y no deseas cambiar tu pensamiento. La única forma de reacción son miradas toscas y de desprecio.
¡Mírate! Ahí están los tres sentados en la banca divisando el panorama en espera del rebaño que habrá de pastar junto a ustedes. Ahí relajan los músculos porque no pueden levantarse y llevarles una flor a esos colibríes. Se sientan y discuten mil formas de conquista comenzando por el asedio y olvidan que hay más de una entrada a la fortaleza; mientras disparan la primera catapulta ya otros se han robado la corona.
Y vas perdiendo sentido a la vida e incluso a la muerte porque no ves el alma caritativa que te ofrece el vaso de vino con su propia mano. Insistes en escalar la montaña más grande del mundo sólo con tus manos. Y olvidas que estoy abajo esperando con todo el equipo necesario.
Destrozas tus ojos para no ver lo que hay en el horizonte, para retener su imagen intacta, para ser fiel a un fantasma que ronda tus sueños a cada instante y yo aquí con las vendas que habrán de sanar tus heridas, lista para actuar cuando me lo pidas pero nada, sigues siendo suyo, terriblemente suyo, innecesariamente suyo porque soy yo la que espera y no tú…


- ¿Te pasa algo? Te noto rara.
- No nada, es que veo a esos tres tipos sentados en la banca y me dan lástima, parece que no tienen otra cosa que hacer.
- Son simpáticos, ¿no? Te confieso que me atrae uno.
- A mí también, pero ellos no se dan cuenta y se lamentan de su soledad. Si tan sólo alzara la mirada, me vería sentada aquí en la banca de enfrente soñando con que un día se levante y me invite a pasear lejos de esta multitud.
- Sí, son una vergüenza para su género.
- Sí, son…

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO XIV


Seis días de descanso y ya hasta los muertos me hablan. Necesito dejar la tele un rato y salir más.
Seis pinches días en la computadora y ya no aguanto mis ojos. Mejor hubieran sido las clases, allí por lo menos dormía a gusto.
Seis días de trabajo y estoy harto, ahora sé porque tardé tanto en salir del colegio, estaba mejor en la escuela, allí están mis amigos.

Una semana, sólo pude resistir una semana de clases. Me hacen falta más días de descanso.
Es la segunda clase y no aguanto, y eso que apenas es lunes, carajo. En mi casa espera la cama y la comp., bendita la hueva que me creó.
Un día de regreso al colegio y me encuentro con la noticia de que mis amigos siguen solteros, ¡qué novedad! Y veinte mil horas de peroratas y quejas. En el trabajo no se quejan tanto de su suerte, y eso que esa gente está mal, realmente mal.

Mi primera frase y pensamiento al despertar es: ¡Soledad, te adoro! Ojalá una chava que conozco se llamara Soledad.
Lo primero que digo, mejor dicho, mi frase predilecta es: ¡qué hueva! Pinche sociedad, pinche soledad. La hueva no se crea ni se destruye, sólo se contagia. Hace falta vieja, así los dos nos acomodaríamos en el rincón del salón, no que estas bancas ni dejan dormir bien.
¡La vida es para divertirse!, eso pienso yo. El problema está cuando no hay con quién divertirse. Si no hay dinero para invitar a las ex, menos para ir un table.

Fin de cursos al fin, viene el largo invierno en compañía del frío y el café que yo tendré que preparar por falta de personal. ¿Y vos?
Me aguardan quince días de extremo trabajo de búsqueda de vieja en Internet. Otro pinche semestre sin nada…
Ni se quejen, que yo no tengo acción desde el año del caldo.

Bueno, año nuevo, novia nueva.
Primero encuentra quien te quiera.
No tienen remedio… y yo tampoco.

18 de enero de 2008

CUENTOS DESEPERADOS

CUENTO VIII


PRIMER ACTO

Dentro de un patio pequeño con bancas en su contorno. Junto a una ventana está una mesa con hojas y dos hombres registran a la gente que hace fila en la mesa, los demás se mueven despistados. Es lunes, la hora novena.

Amigo 1: ¿Ya tienes candidata?
Amigo 2: No, hay demasiada gente. Necesito ver con más calma. ¿Tú ya encontraste a alguien?
Amigo 1: No, todavía no, pero no tardo en hacerlo, jejeje. (Entra Amigo 3).
Amigo 3: ¿Cómo van las cosas?
Amigo 1: Mal, todo es un relajo.
Amigo 2: Yo me voy en media hora, tendrán que encargarse de todo mientras regreso.
Amigo 3: No hay problema... ¿Qué miras Amigo 1? (Amigo 2 mira en la misma dirección que 1).
Amigos 1 y 2: ¿Ya viste a la de suéter blanco? (Risas).
Amigo 1: Está muy guapa (Entra Amigo 4).
Amigo 2: De maravilla…
Amigo 4: ¿De quién hablan?
Amigo 1: Al frente, mitad de la fila, suéter blanco, cabello castaño, ojos divinos...
Amigo 4: ¡Ya!, pues más o menos, he visto mejores. ¿Cómo van?
Amigo 2: Nada más registramos a los que están formados y listo.
Amigo 4: Perfecto, continúen, voy al otro colegio (Sale).

Ya en la tarde, cerca de la hora cuarta después del mediodía, el patio está vacío. Los amigos entran por la izquierda y caminan despacio.

Amigo 1: La de blanco de plano me late, por ahí hay otra guapilla, pero no la supera.
Amigo 2: ¡Es que está...!
Amigo 3: Yo paso, no es de mi tipo. Además yo ando tras otra, ahí se las dejo a ver quién la quiere.
Amigo 2: ¿Un volado?
Amigo 1: No sé, no me gusta actuar como si se tratara de un objeto, si la voy a tratar prefiero que sea en serio, además se ve que es muy “especialita”.
Amigo 2: Si, se ve inalcanzable. Mejor háblale a la otra que dices y yo me busco a alguien más, al fin que creo haber encontrado candidata, jajaja. (Salen por la derecha).


SEGUNDO ACTO

El mismo patio, al mediodía, los cuatro amigos platican. Ya pasó un mes.

Amigo 4: Hay en el otro colegio una chica que me gusta. Quiero hablarle pero no sé cómo. Está muy guapa, “así como pa’l hijo más chiquito de mi a’pá”, o sea yo.
Amigo 1: Nosotros seguimos con la mirada puesta en la de blanco, o al menos yo sí.
Amigo 4: Pues está aceptable, pero me quedo con la que les digo. Es más, voy a darme una vuelta a ver si la veo. ¿Por qué no vienen conmigo para que se las enseñe y me den su opinión?
Amigos 1, 2 y3: Bueno. (Salen, unos minutos después entran).
Amigo 4: ¿A poco no está guapa?
Amigo 2: Sabrosa, sabrosa.
Amigo 1: Aceptable.
Amigo 4: Si yo les dije. Bueno, ya me voy (Sale).
Amigo 3: ¿Qué van a hacer, chicos?
Amigo 1: Yo tengo clase, me vooooyyy… ¡Ahí viene la de suéter blanco, cómo no tengo la hora libre! (Mientras se aleja lanza golpes al aire).
Amigo 3: ¿Y tú?
Amigo 2: Voy a echar la hueva. No tengo nada que hacer.
Amigo 1: (Asomando la cabeza) ¡Oigan!, y si le hablan y luego me la presentan. Ahorita que no hay nadie que los vea.
Amigo 2: Yo no le hablo. Ni siquiera soy el interesado.
Amigo 1: Por mí. Acuérdate que desde cuándo buscamos esta oportunidad.
Amigo 3: Yo me encargo de eso.
Amigo 1: Gracias (Vuelve a irse. Entra Mujer de Blanco por el lado opuesto, se sienta en una banca).
Amigo 3: ¡Observa! (Le dice a Amigo 2, luego va con Mujer de Blanco) Hola amiga, ¿tienes clase?
Mujer de Blanco: Hola. Sí, pero no ha llegado mi maestro.
Amigo 3: ¿Quieres que te lea las cartas?, también leo la mano.
Mujer de Blanco: ¡Ah!... Bueno, si quieres.
Amigo 3: ¿Y cómo te llamas?
Mujer de Blanco: Mujer de Blanco (Se acerca Amigo 2).
Amigo 2: ¿Qué haces, baboso?
Amigo 3: Aquí, leyéndole las cartas a la amiga. Mujer de Blanco, él es Amigo 2, mejor conocido como “solitarius two”.
Mujer de Blanco: Hola, mucho gusto. Bueno, los dejo, ahí viene mi maestro. Los veo después (Sale).
Amigo 2 y 3: Adiós. (Se quedan sentados en la banca. Al rato entra Amigo 1.)
Amigo 2: ¡Ya le hablamos!
Amigo 1: ¿Eh, a quién?
Amigo 2: Blanco, blanco, blanco…
Amigo 1: ¿Ah, sí? ¿Y que tal? (Sus ojos brillan, la respiración se acelera).
Amigo 3: ¡Cálmate! Es buena onda, guapa, rara, sencilla, inteligente.
Amigo 1: Me conviene, ¿cómo ven ustedes?
Amigo 3: Te la dejo.
Amigo 2: Yo también.
Amigo 1: ¿Me la van a presentar?
Amigos 2 y 3: Bueno.

Ya pasaron unos días. Dos amigos se sientan en la banca de siempre.

Amigo 1: ¿Cuándo me la van a presentar?
Amigo 2: Es que me da pena hablarle y ya ves que aquel hombre ya se va a ir.
Amigo 1: Ustedes quedaron. ¿Me vas a decir que ya te arrepentiste?
Amigo 2: Te la presento, pero busca un pretexto para hablarle (Entra Mujer de Blanco y se sienta a leer en una banca).
Amigo 1: ¡Mira, ahí está otra vez! Ve ahora.
Amigo 2: No quiero, me da hueva. No sé qué decirle. Ni modo de llegar y decirle “hola, éste es mi amigo y quería conocerte, se muere por ti”.
Amigo 1: No seas baboso. Te pasas, mejor me presento solo… Valiente amigo. (Se acerca a Mujer de Blanco).
Hola compañera, disculpa que te moleste, sólo quiero preguntarte si te registraste al inicio de curso en la mesa que estaba ubicada aquí en el patio.
Mujer de Blanco: Sí, por qué.
Amigo 1: Lo que pasa es que andamos haciendo una lista de esa gente para verificar nombres, digo, estamos corrigiendo a los anotados. Y como me pareció verte ese día en la fila pensé que estabas registrada. ¿Me dices tu nombre, por favor?
Mujer de Blanco: Pero está muy largo.
Amigo 1: No importa… ¿Mujer de Blanco?, extraño nombre. Yo soy Amigo 1. Bueno, gracias, nos vemos luego (Va con Amigo 2).
Mujer de Blanco: Adiós.
Amigo 1: Ya ves, tanto costaba.
Amigo 2: ¡Eres mi “índiolo”! ¿Y si la invitas el jueves a la junta con los maestros?
Amigo 1: Te pasas, pero es buena idea. Acompáñame al menos. (Van con ella). Oye amiga, perdón que te interrumpa otra vez, pero ahora que checaba las listas me doy cuenta de que has tenido gran participación en los eventos que se han realizado. Entonces te pregunto si te interesaría ayudarnos a organizar los siguientes.
Mujer de Blanco: Pues sí, no tengo inconveniente.
Amigo 1: Entonces te esperamos el jueves a las 5 para una junta, ¿te parece?
Mujer de Blanco: Sí.
Amigo 1 y 2: Bueno, adiós. (Salen)


TERCER ACTO

En un cuarto de salón. La junta ya terminó y la gente va saliendo del lugar. Amigo 3 permanece sentado junto a Mujer de Blanco, Amigos 1 y 2 juntos, Amigo 4, atrás, solo. Ya pasó casi un mes.

Amigo 3: …Entonces me dijo que dejara esas cosas y me acercara a la luz. Así comencé a leer las cartas, aunque al principio me costó trabajo, porque tuve que desarrollar mis habilidades. En cambio hay otros, como Amigo 1, que ya tienen desarrolladas esas habilidades. ¿Verdad?
Amigo 1: Sí.
Mujer de Blanco: ¿Por qué ustedes casi no hablan? (Se dirige a amigos 1 y 2).
Amigo 1: Porque no tenemos nada que decir por el momento, al menos nada importante.
Mujer de Blanco: Sí, ya me di cuenta, ¿y él? (Señala con la cabeza a Amigo 4)
Amigo 4. Yo sólo espero que éstos me presenten, pero como son mal educados lo haré yo. Soy Amigo 4, estudio en la escuela, soy organizador desde que entré, vivo en otra ciudad que se llama…
Mujer de Blanco: A ti también te gusta hablar mucho.
Amigo 4: Pues hago lo que puedo, de lo contrario todo sería aburrido, como con éstos dos… ¿Desde cuándo se hablan?
Mujer de Blanco: Ya tiene varios días. Ellos me invitaron a las juntas.
Amigo 4: ¿Y te agrada la idea de trabajar con nosotros? Porque hay mucho por hacer y muy poco descanso.
Mujer de Blanco: Mientras no me toque el papeleo burocrático-político para pedir cosas “allá arriba” creo que no hay problema.
Amigo 4: No te preocupes, eso nos toca a nosotros. ¿Verdad, chicos?
Amigos 1, 2 y 3: Sí.
Amigo 3: ¿Qué onda, ya nos vamos?
Amigo 2: Como quieran.
Mujer de Blanco: Pues sí, ya es tarde.
Amigo 1: Entonces partamos (Salen).


CUARTO ACTO

En el patio del colegio, casi es mediodía. Están los tres amigos. Ya pasaron varias semanas.

Amigo 1: Después de todo, Mujer de Blanco resultó ser mejor de lo que esperábamos. Definitivamente me conviene, quiero decir, tiene todas las características y requisitos que pido en una mujer. ¡Ay, de veras me encanta!
Amigo 2: Tú sí que andas mal. Si ella te escuchara ya te habría golpeado por payaso.
Amigo 1: Me fascina…
Amigo 2: Estás loco…
Amigo 1: Por ella.
Amigo 3: ¡Ay, sí! Por ella (Entra Amigo 4).
Amigo 4: ¿Qué hacen? ¿Cómo va todo?
Amigo 1: Lo mismo de siempre. Las cosas van bien, muy bien, mejor de lo que te imaginas.
Amigo 4: ¿Y eso?
Amigos 1 y 2: La chica de blanco es buenísima.
Amigo 1: Se toma todo el trabajo en serio, como debe ser. Es responsable y… ¿ya viste quién viene?
Amigo 4: Sí, ya me di cuenta.
Amigo 2: ¿Cómo va ese “proyecto”?
Amigo 4: Más o menos.
Amigo 1: ¿Sabías que es amiga de Mujer de Blanco?
Amigo 4: Algo por el estilo.
Amigo 3: Hay que decirle que te la presente. (Entra la amiga de Mujer de Blanco y pasa frente a ellos, sale por el otro lado. Amigo 4 la sigue con la mirada).
Amigo 4: Pues, sí. Pero mejor me quedo en casa. Ya tengo nueva candidata, y es mucho mejor.
Amigo 1: ¿Ah, sí? (Amigo 1 mira inquisitoriamente a Amigo 4).
Amigo 4: Sí (Devuelve la mirada, hay malicia en sus ojos). Voy a clases, los veo luego (Sale).
Amigo 1: Ese comentario no me gustó nada.
Amigo 2: A mí tampoco, creo que ya sé a quién se refiere. (Se van).

Otro día, en la tarde, en la misma banca. Amigos 1 y 2 hablan.

Amigo 2: Sí, teníamos razón.
Amigo 1: A eso se le llama traición. Él sabe que yo… de ella.
Amigo 2: Sí, pero ya lo conoces: es un desgraciado. Va a haber problemas.
Amigo 1: Mira, si por mí fuera le dejaría libre el camino porque es mi amigo, pero como sé que sus intenciones no son buenas, pues habrá que competir ¡Competir!, que fea palabra… A ver con quién se queda ella. Odio estas cosas.
Amigo 2: No crees que ella sabe defenderse sola.
Amigo 1: Sí, puede hacerlo… pero él… Ella no lo conoce bien.

En una banca del otro colegio

Amiga: Dicen que uno de tus compañeros quiere conmigo. Uno que tiene cargo de no sé qué.
Mujer de Blanco: Sí, ya me imagino quién. Pero yo tengo otras sospechas al respecto.
Amiga: ¿Tiene que ver contigo y los chicos esos, verdad?
Mujer de Blanco: Sí.
Amiga: ¿Y a ti te gusta uno de ellos, o alguien de tu colegio?
Mujer de Blanco: Por qué lo preguntas… No, nadie, ya mi corazón se lo ganó alguien más que vive por mi casa.
Amiga: ¿Y que dice él?
Mujer de Blanco: No sé, no le he preguntado “¿Oye, te gusto?”. Ni que fuera quién.
Amiga: Entonces no te quedarás con ninguno de tu escuela de ser ciertas tus sospechas.
Mujer de Blanco: No.
Amiga: ¿Ni con el otro, el que te habló primero?
Mujer de Blanco: (En su mente se pregunta ¿Amigo 1?) No sé, tal vez. Mmmm… quién sabe. Necesito pensarlo bien.

¿CÓMO SE LLAMÓ LA OBRA?:

¡AY, LAS MUJERES!

Se cierra el telón.

10 de octubre de 2006

CUENTOS DESEPERADOS

CUENTO XIII

Me dejó, me dejó cual novia de pueblo, más vestido que alborotado, pero a la ingrata no le importó. "Hoy es la fiesta de mi cumpleaños..." y ni rastro de su Female Fatale Body... No es mujer de uno, es decir, sociabiliza la chamaca, si hasta parece política, y eso me coloca en último lugar: "los últimos serán los primeros", quién dijo eso, de seguro un güey al que no le tocó pastel.
Pero en fin, a lo que iba: me dejó plantado el día de mi cumpleaños en mi propia casa, eso no lo perdono, porque ayer hasta me dijo el regalo que pensaba darme y resulta que nada de nada. He pensado, tal vez debería dejar de mirar por la ventana y ponerme a bailar, al fin que hasta hacen cola por ser mi pareja, más por ser el festejado y con buen depa que por gusto de bailar conmigo… ¿quién les va a dar rait luego? ja.
Pasa un auto, luego dos; llegan tres… cuatro personas: chicas de minifalda, ¡excelente! Carajo, ¿por qué no viene?, si viera cuánto la extraño -la necesito-. Es como decir que me falta el aire si no está ella. Carajo, ¿dónde está, dónde...?
- ¡Güey, ya cálmate!, te dije que no tomaras mucho.
- Si apenas llevo un par (do… tres… como…). Además ella no ha venido, no me tranquilizo hasta que no venga.
- ¿De quién hablas?
- Pues de mi mamá, quién más iba a ser. Me dijo: "Mañana te llevo tu regalo al departamento, qué bueno que ya vives solo, y mejor todavía que coincidió con tu cumpleaños, va a ser una gran fiesta. Bueno, hijo, mañana te veo allá, espero no incomodarte con tus amigos". Pero la desgraciada no ha venido.

7 de octubre de 2006

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO XII

Comparto el temor por la lluvia, hoy, no podría ser otro día, ese temor que todos llegan a sentir alguna vez. Si me preguntan el motivo sólo puedo decir que ha sido producto de una serie de situaciones tan difíciles de explicar y que pueden agruparse en una palabra: Ella.
Si todos los días lloviera como hoy ya estaría sepultado bajo toneladas de ideas enlodazadas, y ni qué decir de las bofetadas que rompen mis venas con sus palabras dejando que la sangre escurra desde el cerebro hasta el corazón. Pero no todo es sufrimiento y dolor, también hay sarcasmos e ironías -las de la vida, cuáles más-.
El viento roza mi mejilla con esa suavidad tan característica de él en la noche, me invita a danzar bajo el techo de algodón gris, pero yo prefiero continuar sentado, en el mismo lugar de siempre, cavilando acerca de nosotros, lo haría eternamente…
- ¿Joven, joven? ¡Ya despierte!
- ¿Dónde estamos?
- En la base. Es la tercera vez en la semana que se queda dormido en el micro, tiene suerte de que no le hayan robado nada hasta ahora, pero tenga más cuidado la próxima vez que viaje de noche.

Al fin en casa, nada más recordar lo ocurrido…
- Hoy es el día: le llego porque le llego.
- Eso si no sale con alguna jalada y se va, ya ves que el otro día canceló de última hora. ¿Tienes los boletos?
- Sí, sobra uno.
- Perfecto, hasta me dan ganas de invitar a la Risitos o a la Chiquis, ya vez que están..., pero lástima, mi situación no está como para andar coqueteando.
- ¿Coqueteando? Si ni siquiera les hablas.
- Pues por eso, las invitaría para comenzar la platica. ¿Nos vamos?
La trova en mis oídos y su sonrisa en mis ojos; el aroma extraviado en el océano de olores confunde a mi olfato. Después de todo, los dos nos quedamos sin parejas, al menos no con las que queríamos. Por mi parte terminé saliendo con la última persona que hubiera imaginado, claro que no me quejo, al contrario, algo en mí así lo deseaba. Empero, la Rueda gira y el mundo nos coloca en lugares opuesto, a veces justo donde está lloviendo…
- Hijo, despierta. Vete a dormir a tu cuarto, pero acomoda el sillón antes de irte.
- Estoy bien, sólo descansaba un poco. Además tengo tarea, ahorita verás que con música se me pasa el sueño.
- Mejor acuéstate, ya son las doce, y mañana temprano te apuras.

Comparar las dulces palabras de mi acompañante con las irónicas frases de aquella que me plantó; verme rogando para que fuera cuando debí hacerlo antes con Ella. Justicia divina, eso ha sucedido, por burlarme del compañero me sucedió lo mismo, aunque con un poco más de suerte… Su mirada enternecedora que derrite mi pensamiento; la máquina infernal que no me deja acercarme más de lo que ya estamos.
La gente, la música, el calor, mi cuerpo da vueltas hasta perder el sentido…

¿Qué es eso? Sólo el despertador, maldito, estaba soñando… Son las seis y hoy es el día indicado para ambos, él le llega y yo… algo por el estilo. Vuelan los anfibios por la luna cuando canto. Estoy listo, llegó la hora… Maldición, está lloviendo, eso no es buena señal.

19 de septiembre de 2006

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO IX
La niña es simpaticona, pero no me cae, se ve bien payasa

Ándale, nosotros de idiotas mientras tú le hablas

No sé cómo puede hablarle ese güey a esa “girl”

Creo que mejor se las presento, esos dos ya me vieron feo
- Ellos son Poeta neodark y Loco letrado.
A estos tipos los conozco, creo haberlos visto antes Sí
- ¡Hola! Ya los conocía… Me tengo que ir, Adiós.
“Ya los conocía”, qué chistosa, no me cae definitivamente, es la típica “dady’s girl” Hace bien en largarse.
- Como que es medio fresona, ¿no?
- Habrá que tratarla más.

* * *

Increíble, apenas nos conocemos y ya no puedo dejar de pensar en ella Y sus colores llamativos y pasteles me atraen. “Ya los conocía”, ¿por qué tuvimos que hablarle?

Este hombre anda raro, ¿será lo que pienso? ¿Pink? ¿ ¿

Y esos dos qué: primero bien serios y ahora hasta se ríen con ella, de ver sabido ni se las presento

* * *

A ver, a ver, cómo chingaos puede penetrar tan hondo en tan poco tiempo Me trae loco aunque el loco sea otro ¡Ay, pink!

-¿Qué pasa, por qué esa actitud?
Éstos ya se dieron cuenta.
- Es que… no sé cómo, pero pienso mucho en ella.
- Lo sabemos, no dejas de hacer comentarios al respecto. ¿Sabes qué creo?, primero era “the girl” y ahora “me derrites, girl”.
- Eso mero. Sólo me pregunto cuándo se transformó lo que sentía.

Buena pregunta, a mí me sucedió lo mismo una vez con la Reina de Fuego. Al menos la olvidé, pero ¿lo hará él?

¡Ay, girl! ¡Ay, pink!

17 de julio de 2006

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO XI


He vuelto. Dos meses de ausencia bastan para desesperar a cualquiera. He extrañado cada palabra, por tonta que sea, pronunciada por él para alegrarme, para compartir, para demostrarme cuánto me quiere y cuán cobarde es al no decírmelo. Lo aceptaría felizmente, pero necesito escucharlo de su voz.

Estoy sentado en la banca, otra vez, y mis ojos hurgan en el aire que ha sido testigo de mi desdicha. Cuando pude tenerlo todo tenté contra el destino y dejé escapar la oportunidad de mi vida viendo cómo el aire se la llevaba con esa levedad que lo caracteriza. Estoy sentado escrutando la atmósfera que me rodea por si vuelve otra vez, por si el destino se apiada de mí concediéndome una segunda oportunidad.
Solté el timón y las amarras en medio de la tormenta, mi barco navegó por días a la deriva de mi valor y el puerto se llenó de miedo y las calles se anegaron de arrepentimiento.
He vuelto, pero la cobardía sigue imperando aún después de tanto tiempo. Partí de nuevo para recorrer el mundo en busca del muelle donde a atracado ella. Recorrí las costas hasta encontrarla. Cuando la tuve al lado no pude hablar y permití que se fuera.
Desde hace dos meses me siento en la misma banca donde la vi aquel día, soy una presa de mi desesperación y del odio por la falta de coraje. Escucho al aire tratando de percibir su llamado y me doy cuenta de mi error. No tengo fuerza para actuar. Ha pasado mucho tiempo y tengo miedo de haberme perdido ya. Es momento de marcharme.

El silencio es opresivo, asfixiante. Ahora entiendo que soy yo la que debe hablar: él es el marino, yo la capitana. Soplo al viento su nombre esperando lo oiga. ¿Por qué nunca pudimos entendernos? Tal vez porque nunca supimos escuchar nuestro latidos. Pero todo cambiará: no más espera, no más sufrir, no más desesperación. He regresado para terminar nuestro ciclo, nuestra historia. Díganle que he vuelto.

Dedicado a la memoria de una gran Dama.

10 de julio de 2006

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO X


Caminé por las calles durante casi una hora, exactamente el tiempo que ha durado nuestra conversación; ¡dos horas pensando en ti!, ¿te das cuenta? No entiendo cómo te atreves a decir que no soy digno de merecer amor cuando no hago otra cosa más que amar. Hay muchas mujeres hermosas pero sólo una ocupa mi corazón, las demás sólo deleitan la pupila, ¡nada más! No me reproches las veces que estoy con mis amigos, eso es diferente… ¡tú sabes que es distinto!, como cuando las mujeres se reúnen. Vamos, dime, ¿acaso no merezco un poco de tu aprecio, yo que tanto trabajo para dártelo todo, para ser mejor…? ¿Qué dices, quieres que me calle? ¿Qué ya van a dar las dos?... ¡Es verdad!, mi novia no tarda en llegar, será mejor ir a su encuentro… Sí, ya sé que puedo lidiar con ella sobre mi retraso, así que deja de moverte –¡maldito espejo!- para que pueda arreglarme bien. Sí, sí, yo también te quiero.

29 de diciembre de 2005

CUENTOS DESESPERADOS

CUENTO I



  • ¡No mires arriba, allá está ella!
El joven no hizo caso, alzó la vista… su corazón golpeó el pecho tratando de escapar, su respiración fue obstruida, sus ojos se tornaron rojos: ella besaba a otro.
Las últimas veces que había intentado conquistar a una chica ocurrió algo similar a lo que ahora miraba con celo. Hoy parecía repeler a las mujeres, otrora estaba rodeado de ellas.
Dio la espalda a esa imagen y sus ojos captaron los rizos rubios.

  • ¡Caramba, abundan las bellezas!
Puso atención a esas palabras, siguió con la mirada aquel cuerpo hasta desaparecer en la distancia. Pensó “A ésta sí me la ligo, si no busco a otra”.
Y repitió lo mismo hasta la muerte.



CUENTO II

Estoy sentado esperando el término de las clases, hace media hora salí de la mía, me aburro… Una mujer blanca, delgada, que viste hermosos tonos azules, pasa frente a mí. Se mueve con elegancia, mira de reojo mi persona… Suspiro al fin: “Lastima que la mujer que quiero está lejos de este lugar y no sea ésta, así mi dolor disminuiría”.
Volteo al fin, se ha ido. No importa, mi espera durará un par de meses más, después… Espero que tan sólo sean dos meses.


CUENTO III

Ves al hombre echando la hueva. Se sienta en la banca, luego en el respaldo, se pone en pie. Nada lo hace cambiar. Sus amigos lo siguen en actitud. Un trío de chicas pasan, en medio una espectacular belleza se destaca.
  • ¡Uy, que cosas pasan por este colegio! ¡Cómo no hay mujeres así aquí! ¡Maldita facultad, está de la fregada! –afirma el chico lanzando golpes al aire.

  • De verdad hay que cambiar de escuela con urgencia –escuchas decir a su compañero de la izquierda.

  • Yo los apoyo –menciona el otro-. ¿Y la mascota? –agrega mirando al primero.

  • Aquí la traigo, como siempre –lo ves sacar del bolsillo un muñeco de peluche.

  • ¿No se cansan de no hacer nada? –preguntas como compañera y amiga suya.

  • No –responden al unísono-. La verdad da una hueva, pero preferible esto a estar en mi casa. Además la cosa sería más fácil si tuviéramos vieja, pero no más no.

  • Definitivamente les traeré unos letreros que digan “chico desesperado busca novia, u hombre urgido solicita mujer”.

  • Mejor tráeme a la mujer y olvídate de los carteles –te vas. Se miran los tres, alzan los hombros y se sientan… Al rato:

  • ¡Qué hueva!


CUENTO IV

Comenzó por hablarle a la mujer, le envió cartas, le escribió poemas, hasta pensó en llevarle serenata, pero nada resultó. Buscó a otra, repitió el mismo proceso. Nada.
Cuántas veces lo intentó muy pocos lo saben. Lo ciertos es que terminó por desesperarse. En ocasiones todo marchaba bien, mas de alguna manera nunca concretaba esas relaciones. En la escuela, en su casa, el cine, las tiendas, conocía gente hasta debajo de las piedras; adultos, jóvenes, hombres, mujeres… en especial mujeres. Estaba rodeado de tantos cuando salía a pasear, pero siempre su espíritu se encontraba solo. Ansiaba una compañera.
Mas llegó un día, uno de esos tantos que poca importancia tienen para nosotros, cuando terminaba su trabajo que, estando ya oscuro, con un par de billetes en sus manos, se despidió no sin antes fijar la mirada en un rostro familiar. Al salir lo vi pensativo, pregunté por su estado.

  • Todo bien –respondió secamente. Unos segundos después agregó: -tiene bonitos ojos tu prima.

Siguieron los días. Nada para él, nada para mí. Continuó con el trabajo. La invitó al cine. Entre rizas, miradas e imágenes fantásticas un par de manos se acercaron y permanecieron juntas. Dos noche más tarde, mientras buscaba imágenes medievales, la computadora indicaba el inicio de sesión. En un minuto:

  • Ya supiste.

  • No, ¿qué cosa?

  • No te ha dicho nada tu prima.

  • No, qué pasó.

  • ¡Ya somos novios!

  • ¡Ah!

Increíble, dos semanas antes aquel hombre lamentaba el rechazo de una tipa; que no era la primera vez en negarse, ya al otro compañero rechazó antes. Y hoy, ni la sala repleta de gente, ni el olor a palomitas, ni un tumulto tratando de entrar podrían darle lo que él, mi amigo, le ofrecía… Olvidemos eso.

La prima, todavía no repuesta del acto, me platicaba cómo sucedió todo, cómo había sido tan rápida su unión que aún continuaba sorprendiéndose al recordar.

Qué sigue ahora, ellos solamente lo saben.


CUENTO V

En algún Table Dance del norte:

  • No vayas a aceptar una copa con ellas, porque van a elegir la más cara. De eso se trata esto: de sacarle al cliente el mayor dinero posible.

  • ¿Y el Privado?

  • Cuesta cien. Mmmm... estás de suerte, el taquillero dice que se puede tocar. Son cien pesos por tres canciones, aprovecha, no más no te vayas a venir, mejor que sea ella. Entonces ¿te animas?... ¿Cuál eliges?... Vaya que vale la pena.

La cabra, la cabra, la p... de la cabra...


  • ¿Qué tal?

  • De lujo, pero me dio lástima la tipa, sus ojos estaban tristes, tal vez no debí hacerlo. Mejor vamonos.

  • De veras que te pasas.


CUENTO VI

“Vine a Guadalajara porque me dijeron que aquí se perdió mi cartera”.

El camión, rojo; la ropa, negra; los asientos, uno por persona. La jornada inicia en la Terminal creciente de Guadalajara. Tras un rato de duda, los jóvenes deciden tocar tierra sin saber su ubicación. Caminan.

  • ¡Ole! –dice uno de ellos al ver pasar a una tapatía-, si así está la cola cómo estará la función.

  • ¡Definitivamente hay que vivir en esta ciudad! –continúan su trayecto.

Los chicos, dispuestos a ligar; ellas, con minifaldas y playeras ajustadas. Una risita y los suspiros volaban hasta el cielo. Todo un día de reflexión y una noche de arrepentimiento.

  • ¿No crees que deberíamos hablarle a alguna hermosa chica que pase por aquí? Digo, podríamos al menos preguntarle algo para comenzar la plática.

  • Sí –añadió su compañera-, ya se están tardando.

  • Pregúntale a esa por la ruta.

  • No, pregúntale tú.

  • ¿Y yo por qué?, hazlo tú.

  • Ya decídase alguno de los dos.

  • Te toca a ti.

  • No, yo pregunté del hotel. Mejor que pregunte ella.

  • Yo no voy a hablar por ustedes... Se está alejado, y es la más guapa que he visto hasta el momento, es serio.

  • Anda, que se va.

  • No ni madres, yo no perdí la cartera. Por tu culpa andamos así, ve tú.

  • ¡Ya se fue! Será para la otra.

Lo mismo ocurrió toda la semana, al regreso, ambos se sentaron a recordar:

  • Hombres dispuestos: dos. Mujeres disponibles: pululan hasta en las alcantarillas. Hombres en acción: ni medio. Mujeres conquistadas: menos mil.

  • Conclusión: somos una vergüenza para nuestro género.

  • ¡Cállate! No digas nada... Tienes razón.


CUENTO VII

“Cuentan que una vez un sapo descansaba tranquilo en la acera. Le gustaba ver a los autos desplazarse de un lado a otro. El sapo tenía fama de sabio y todos seguían sus consejos al pie de la letra. Mas llegó un día que, viendo la carretera como siempre, el sapo dio con una rana que avanzaba con rítmicos saltos y atravesó la calle. Sin poder resistir los encantos, el sapo olvidó todo y se lanzó en persecución de la rana sin quitar la vista de sus preciosas ancas. Y cuando estaba a punto de alcanzarla... la llanta de un coche aplastó su cabeza...”

Moraleja: No pierdas la cabeza por un culo.
Proverbio Canino (licántropo)


Esa historia siempre solía ser contada por el Hombre Lobo de la escuela, sobre todo a mí que tan embobado andaba tras una Abeja.
  • Precisamente por eso –decía- porque las abejas tienen un aguijón en el trasero. Un poco de distracción y el golpe será doble.

Las semanas transcurrieron sin novedad, hasta que viajamos a la ciudad más importante del norte. El lobo no fue, pero mi amigo el Coyote me acompañó con agrado. Debo decir que la bellaza regional impactó con demasía al pobre coyote (¡y con motivo!) que sin miramientos de ningún tipo se lanzó en persecución de las mujeres que tenía al frente. Al fin y al cabo, que podía esperar de un “coyote... cojo”.
Pero por increíble que parezca, a pesar de los enormes fracasos obtenidos en su tierra, logró ganarse a una coyotita. Todavía hoy no sé lo que pasó realmente, lo que puedo decir es que a su regreso lo único que hacía era quejarse y lamentarse y desear volver a verla.

  • Anda con cuidado –le dijo el Licántropo- no sea que te pase como al sapo. Ya ves que este hombre estuvo a punto, pero lo evitó... Si se ve menso el muchacho pero no lo es.

  • No te preocupes, yo sé lo que hago.
Ese “yo sé lo que hago” se nos quedaría grabado hasta final.

Más tarde, días más, días menos, por azares del destino, o mejor dicho del trabajo, se hizo necesaria nuestra presencia en Zacatecas (donde por cierto estaría la ahora tan famosa coyotita), pero tal era nuestro estado que no había modo de trasladarnos. Sin embargo, eso no impidió al amigo vender sus cosas y comprar el pasaje.

  • Siendo tanto tu interés –le dije- y en vista de las circunstancias, te encomendamos las transacciones correspondientes. De este modo matamos dos pájaros de un tiro: tú te encuentras con ella y de paso cumples con el deber.

  • Nada más ten cuidado con lo que digas, sobre todo si a la junta se presentan los chacales esos.

  • Descuiden, todo estará bien. Mejor cuídense ustedes de la maldita hiena que de plano yo no los puede ver ni en pintura... Nos vemos hasta el próximo lunes.

  • Si nos entendemos, eso es todo. Suerte.

  • Sólo una cosa más –aseguré- ¡No te vayas a precipitar!

  • No, no lo haré.
Ese día era miércoles, así que no tuvimos inconveniente en esperar, pero el lunes siguiente el amigo no llegó, ni el martes ni el miércoles ni el resto de la semana y nadie sabía nada. Durante la noche del domingo recibí una llamada desde la Sultana del Norte que confirmó mis sospechas. Por eso al otro día lo primero que hice fue reunir al Hombre Lobo y a la mujer que casi siempre anda con nosotros. Hable con discreción pero con firmeza:

  • ¡Ya tengo noticias: nuestro amigo coyote perdió la cabeza!

  • ¿Qué? –preguntó ella desconcertada.

  • Sí –repuso el licántropo. Enseguida contó la historia del sapo. Después de tremenda carcajada habló:

  • ¡Ah! Ya entiendo. Pero, ¿dónde está?

  • Con su coyotita –respondí.
¡Oh sí, el Coyote se precipitó!, y terminó perdido en el norte por andar buscando hembra con que entretenerse. Porque aunque regresó unos días después, sólo fue para arreglar algunos asuntos y decirnos que se marchaba definitivamente a Monterrey.


Moraleja: El que es caliente donde sea se quema.
(Sobre todo si pierde la cabeza por un culo)
Proverbio Canino (Perro-lobo)