1 de mayo de 2006

MUJERES DE COLORES (II. Tierra)

PAZ


¡Soledad, tristeza, a ambas reprimo!

El día es joven, todavía se extiende sombra,
y los hijos del sol caminan.
Alumbras Disco Amarillo,
amarillo el muro es,
y revistes a los seres cansados
con finos brazos de calor.
Me permites al fin en duda caer.

No es imposible ver:
miro al frente, entre ramas, los ojos
se ocultan tras la cortina castaña,
sonríen, brillan, llenos de vida.
¿Será tiempo de describir?
Si no hay palabras menos forma,
sólo la imagen retenida, atrapada:

suave movimientos de dedos
que juegan unidos al cabello.
¡Naturaleza viva, cuánto amor me das!
Es tan grande la belleza que me muestras,
tan maravillosa como eres.
Pero no me considero Hijo del Fuego,
¿será su vestimenta una señal?:
azul del cielo, el mar, de la noche bella;
qué es el gris sino el intento del blanco por ser negro.

Pero un número incierto de sombras
intenta ocultarle, nada pueden
ante una mirada penetrante,
ante un doble cristal
que provoca no cegarme.

Continúan los lívidos dedos,
ahora son las cejas su objeto,
después los labios,
bellos labios que adorna y humecta…

Mas es hora de moverse
y seguir la figura que se aleja.

MUJERES DE COLORES (II. Tierra)

CAVILACIÓN


El blanco cielo escapar deja
un manojo de fino rocío
al tiempo que sentado, mientras hablo,
obstruyo el camino de la gente.
Pero tranquila voz me calma
preguntado azules cosas.

Incoloros brazos levantan
la libreta y por debajo
del traslúcido lente
recorren mis palabras misteriosas.

Al cabello pardo acompaña
la pálida piel que se funde
con el carmesí del labio
y la mirada verde.
Sopla a mi rostro,
me deja volar al vacío.

A mi mejilla besa una gota
traída desde el mar:
llueve, hace frío,
pero allí sentado
ni el agua ni el viento
consiguen doblegarme
porque la antigua compañía
siempre mantiene la calma de mi ser.

MUJERES DE COLORES (II. Tierra)

GARZA


Juego con el alma solitaria,
la dejo voltear a todos lados
pero olvido defenderme del ataque:

el día del comienzo la vi,
no estaba sola, había otras:
tan lejana se encuentra aquélla
y a mi lado, un par de ases.

Cuando miro el nuevo paraíso
olvido el viejo consejo:
“deja de buscar y llegará a ti”.
No busco:
las blancas alas rozan mi hombro,
su delicado cuello se apoya en mí,
a mi oído el ave grazna,
suave, dulce, armonioso canto.

Volteo, se ha ido ella.
Me veo.
¡Hermosos ojos de esmeralda
se grabaron en mi mente!
Delicada ave, no logro comprender tu lenguaje,
¿podrías hablar conmigo lejos,
donde sólo nosotros podamos entendernos,
donde ni el Sol ni la Tierra nos espíen
ni puedan escucharnos?
Quiero aprender tu paso silencioso
cuando por el río andas cazando peces
y acariciar tu fino plumaje blanco
y no gris como el de los otros

¿Será ella o eres tú?
Quiero saber la verdad.

MUJERES DE COLORES (II. Tierra)

RECOSTADA


Prolongado hacia el sol naciente
tu brazo extendido,
en medio del mar océano,
busca al hermano continente
arrastrado por el agua.

Una jungla beige recorre tu cabeza;
rodea el par de manantiales
que reflejan tu interior
y muere al llegar a tierra altas,
las mismas que protegen tu planicie
de estrechas costas.

Allí el orbe se separa
en dos largas cordilleras guindas
que resguardan el tranquilo puerto
al final de aquel interno mar.

Rodeo con mi gris barcaza
el extremo norte de tu cuerpo,
descanso en la bahía formada
por el brazo separado
y la mano deseosa de unirse otra vez.
Arribo en tu costa,
me limito a maravillarme
con tu mundo:

desde las altas cumbres rosadas
hasta los lejanos escollos de tus pies.
Me pierdo en la selva,
nado en los ríos de tus lágrimas,
extraigo el fruto de tu ser.

Tu mano me ha alcanzado…
Amanezco junto a tu cuerpo
eliminando el agua alrededor.

MUJERES DE COLORES (II.Tierra)

AYER


Al melodioso ritmo de una balada
se une el llanto alegre de mi dicha
cuando viajo de regreso
e imagino en el día, al girar mi mente,
tus labios llenos de secretos
que poco a poco descubres
aventurándote a confiar en mí.

Ya no juego con tus ojos,
ahora bailo tu firmeza,
sobre todo en las mañanas bellas
pues me acercan más a ti.
Si en la noche sueño son tus trenzas
en el día dibujo el rojo carmesí
junto a mi boca.

Hoy te he visto ansiosa,
escurridiza, como una niña
aventurera en tierra extraña.
Quise llegar hasta tener
un palmo de distancia
pero el peso de mi alma lo impidió.
Me sentí solo de nuevo al perderte
entre los murmullos de fugaces entes.

Y qué pensar mientras mis pasos vuelvo a casa,
al evocar tu figura plantada en la escalera,
al suponer que hablaríamos hoy
y darme cuenta de que todo este naranja
llanto representa el anhelo no obtenido.

MORIBUNDO

En la noche me vi como bestia
y me di cuenta de que soy sombra,
pero la sombra que soy también es engaño,
porque a todo contacto rehuyo por mandato de la soledad.
Eso, ahora, me deja como al principio:
en la nada, en el vacío,
en esperanza de nacer en un mundo,
de ser yo y ser nada.

No deseo ser el mismo,
no deseo ser otro.

Tan sólo anhelo la existencia
que hay detrás de la muerte...

28 de abril de 2006

MUJERES DE COLORES (I. Fuego)

ELLA


Su mirada, una estrella fugaz,
una imagen perpetua de cosas imposibles.

Llueve en la noche;
Ella deambula por el mundo,
recorre el suelo sin tocarlo,
y regresa al enjambre olvidado
para gobernar otra vez.

La tierra se estremece:
su paso ligero congela el lugar.
Suspiros sueltos,
suave movimiento al andar.
El peso final recae sobre un ser.

El viento sopla con dulzura,
el aliento emerge para preguntar.
Mil aromas desprendidos de sus miembros,
mil colores encontrados:
todo crece hasta absorber.

El fuego envuelve el sitio:
los vapores vuelan a la luz del día,
los campos reverdecen al instante,
un mar de hombres se reúne
para alcanzar un poco de calor.

Un segundo después la noche se presenta:
Ella de nuevo se ha ido.

MUJERES DE COLORES (I. Fuego)

J


La figura, por excelencia apiñonada,
camina erguida, orgullosa,
junto al colorido patio antes muerto.
Deja tras de sí un río de llamas
que atrae las miradas
atónitas por su belleza.

La soltura de su brazo,
meciéndose a cada paso que da,
hipnotiza la respiración mental
para seguir el bronceado balanceo
y fijar la vista
en la estrecha cadera con pintura
delineada en negro.

La blusa, roja, azul, morada,
la falda, blanca o negra,
y la piel de porcelana
persiguen la pupila ardiente
de sus ojos protegidos
por el cabello de obsidiana.

¡Ay, una mujer tallada a mano
siempre mirará con error
el débil sentimiento que provoca!

MUJERES DE COLORES (I. Fuego)

PÁJARO DE FUEGO


Grita mi nombre, voz escarlata,
revela el titánico secreto
que me dará libertad.

Mujer de fuego, ya descansan mis cenizas,
pero mi alma alardea dolor:
a cruel infierno la mandaste
cuando tan sólo busqué amor.

Entre sonaras llamas amarillas
veo tu imagen al burlarse de mí.
Torrencial viento intenta rescatarme,
mas tú le impides el paso
colocándote en mi mente…
Es esta mi batalla.

Protegido con largas plumas grises
atravesé el fuego, cortándolo
con la fortaleza de mis manos,
como lo hace el halcón al sumergirse
veloz por su presa inmóvil.

Ya es momento de dar el paso
a las chispas de la sombra
para penetrar tu corazón
y gozar la condena de la libertad
al ya no recordarte.

Pero allí estás, cubierta por terrible lumbre,
volviendo cual fénix
siempre con más calor,
aquello que me destruye.
Sin embargo, mi ojo aéreo percibe
a través de tu escudo ardiente
hasta saber cómo vencerte.

MUJERES DE COLORES (I. Fuego)

CAZADORA DIURNA


Te cubre el rayado vestido,
la mezclilla se adhiere a tus piernas
y el cabello sondea tu piel;
todo miro discreto al tomar la clase.

Más morena ahora,
pero entre más oscuro el color
más fogosa la mirada.
Regresas, procuras continuar sensual,
mantener el dominio
de los lobos con tu carne:
dejas a la ropa mostrar
el contorno de tus senos.

Me miras, sabes que me alejo:
de todos únicamente yo
he conseguido interesarte.
Lo entiendes, a veces lo aceptas.
Tan orgullosa como siempre
intentas atravesar la
misteriosa mente azul que guardo.

Eres brillante como la amarilla cara
del día. Soy profundo cual
abismo marino, casi negro.
El dolor te atrapa cuando me ves
caminar indiferente frente a ti.

Coqueteas, irradias calor,
te revuelves a mi vista,
pero yo, contrario a mi promesa,
ignoro lo que haces para captar mi atención,
Cazadora Diurna,
La inspiration du soleil.

MUJERES DE COLORES (I. Fuego)

DOMINADO FUEGO


Te coronas con la sonrisa dilatada
en tu trono de magma,
descansas la cabeza en una mano,
la siniestra mueve tu cabello.

Te ausentas por breves períodos
pero jamás tu gobierno cedes
a las terrestres Hadas.
A tus vasallos dejas mirar
el negro hilaje recogido;
a mí me permites exhalar
las cenizas que desprendes.

Te levantas, te acercas:
amplías tu territorio.
Tu piel morena me toca,
pretendes acabar conmigo,
someter mi reino blanco
a tu rojo impero ardiente.

Me quemas,
depositas mis restos en tu regazo.
Soy hijo del pueblo derrotado,
mi Señora de Fuego,
pero hasta los Dioses amaron a mortales.
Terminas por enamorarte de mí.

24 de marzo de 2006

EPITAFIO

Que baste reír cuando estoy muerto
no significa que estoy triste.
Si me encuentro en elmundo subterráneo
dejadme ahí que allí vivo.
Quieran los Dioses permitirme ser libre,
puedan los hombres comprender mi locura.

Retomo el tema social y político
y presumo de tremenda ignorancia:
¡no quiero saber, no quiero ser ellos!
Me encuentro con la euforia en la tumba.
Usurero de ideas que reacciona
en contra de tendencias canónicas.

Me basta escuchar la risa sobre al tierra
en lugar del golpe de lágrimas,
al fin y al cabo la muerte me da vida.
Se cansa el orbe del tiempo medido
con su diplomacia fingida
por burócratas especialistas.
¡Ay, déjenme en el suelo!,
cada lombriz es más sana
que mis propios compañeros de sangre.

Si me obligan a matar el arte,
prefiero ser yo el muerto,
muerto soy, más que vivo,
más que sueños utópicos de letrados
que nada saben de conciencia,
que nada hacen por sus hermanos.
¡Hipocresía, eso sí es morir!,
es la vacuidad de mi raza;
no lo es la locura que me invade.

Quiero que se grabe en la roca
que soy feliz por haber fallecido,
tállenlo con mis huesos enfermos
y para tinta utilicen mi sangre.
Soy poeta nocturno del vino,
por eso en la noche vuelvo a nacer.

23 de marzo de 2006

HUMANIDAD

Fui escaldo en una época anterior al tiempo
cuando la poesía era una con la naturaleza
y cada elemento se fucionaba con calma.

Y hoy, hoy que estoy viejo,
vuelvo a ver la tierra,
pero está manchada, putrefacta,
obsena, sin vida,
cómo poder escribir poesía:
ahora no tengo espíritu de aeda,
ni de juglar, ni de bardo, ni de escaldo;
me falta creatividad para ser poeta.

Serpiente emplumada,
¿acaso tus líricos se han ido?
Voy al fondo, al fondo,
donde las sombras viven,
donde habita la sierpe maldita,
para vencerla y ocupar su mundo solo.

Soy el camino intrasitable
que confunde al débil de mente,
soy cantor y traficante de mitos,
amigo invisible del tiempo mismo.
Vengan los versos a mí
y las armas tropoides
para que la batalla sea ganada
por ideas fijas e incoherentes.
¡El niflheim fue abandonado
para que los seres habitaran la tierra!

13 de marzo de 2006

Mientras cavilo el cuerpo muere (La Mente, Parte 2)

XI
(01-09-05)
Disminuye, se consume, casi ya no queda nada; abajo, la muerte. Un brillo nuevo, ¿tal ha sido el desenlace? ¿Cuál abecedario debo completar? ¡Que mil demonios me dejen tranquilo!
XII
(10-09-05)
Ya el cielo se estremece. Encontrar la calma es atormentar el interior, es atacar nuestro punto esencial. Una prueba más de valor, de coraje, de unión. Las batallas continúan, producto de lo no planeado. Más cuentas: (F>V) + (V.T)= sin respuesta; (T=F) (V)(V')= más descontrol. V-F= posible paz; T-F= armonía; V-F= banalidad; T+V+F= una mente confusa; (T)+(V+F)= la imaginación aumenta. V+T= trauma; V+F= más fuego. Conclusión: V= perpetua imagen; T= perpetua armonía; F= Perpetuo ardor; V=efímera ilusión.
XIII
(22-09-05)

El calor no se rinde y sitia el cuerpo. La tierra calma las montañas atadas a la raíz más poderosa. Remolinos que destruyen la redondez del alma. ¿Dónde está el agua? ¿Dónde mi razón, dónde la cordura que siempre tuve, lo que he sido? Los triunfos son igual a los fracasos, excepto por la voz que te aconseja.

XIV
(13-11-05)

El tiempo apremia y yo no sé entenderlo, nada hay para crear. No puedo inspirarme incluso cuando está en mi mente; me encuentro en medio del vacío, ¡qué tedioso es esto! Me dejo contagiar por las voces internas cuando la llama se aviva. Las reminiscencias regresan con sólidas imágenes jamás deseadas. ¿Será que nunca se consumirá su fuego? Y sin embargo sopla el viento.

XV
(28-11-05)

Sin valor me veo, no soy yo el mismo, pero es lo que más falta a un hombre lo que me impide terminar mi formación. No palabras, una mirada; no soy parte del sistema: el sistema es ella. ¿Qué puede existir en medio? Se nubla la mente en términos comunes, algún día dejaré salir al verdadero yo, debió ser este día.
Su impaciencia, mi derrota, su traje azul y rayas, mi odiado rojo, su voz, yo callo, se apresura, soy hielo, se esfumó...
XVI
(14-12-05)
Hoy me derroté a mí mismo, hoy acepté mi locura: soy sólo yo fuera del mundo, soy creyendo ser más. Me cuesta más encontrar la "realidad": veo mi espacio, mi mente envía imagen tras imagen, me duele. Pronto despertaré, ¿llegaré a convertirme en un autómata o entreré a lo "normal", la mentira, o a la locura como le llaman ellos, o a la locura como le llamo yo?
Me pierdo más... Tiemblo en mi interior, no puedo detenerle...
XVII
(22-01-06)
Los vientos soplan nuevamente ¿Hay que estar loco para no sentir? Si tuviera una oportunidad, sólo una... ¿Quién es, de dónde ha surgido? Ya el fuego ha muerto a la luz de la Luna. ¡Hola! ¿Puedes ver la tormenta alrededor? Cedo a la manía al tiempo que anhelo un poco de esperanza suya. ¡Un círculo, todo es un círculo?: v-f-v-t-v-f-v.
El mismo destino me aleja del agua. ¿Es un presagio? ¿Es mi muerte? Ojalá mi muerte fuera cierta ¡Calla, no puede saber tu enfermedad! Estoy bien. ¿Prefieres amor o muerte?... Si tan sólo fuera amor...
XVIII
(28-02-06)
En el tiempo continuo verso a pesar de la escacez de alimento. Una nueva encrucijada, a tres caminos, se coloca frente a mí. Ya parecen abandonarme cada uno de los elementos naturales: el fuego por fuerza había de morir, la tierra, detenida a mis pies... Y la miro de frente, peor derrota encontré en los pantanos de las alturas, sin embargo, más es el dolor que me provoca. ¿Tendré una oportunidad? ¿Podrá dejar a un lado la razón, como hice yo hace tiempo, para mirarme de forma distinta? Paciencia, amigo, mucha paciencia...
XIX
(01-03-06)
Cambio de armas, cambio de conciencia, en realidad son sólo sentimientos. Paciencia, sí, mucha paciencia, las cosas son más complicadas de lo aparente. ¡Mírate, has pensado en las consecuencias otra vez! Soy yo. Eres nada. ¿Y ella? No dejes que gobierne, no me someteré a su maravillosa presencia, lo haría si te amara, si tan sólo te demostrara un poco de afecto inquebrantable. Lo haría, pero... Eso es lo complicado, deshacerse del entrometido, ¿y su nombre? Su agraciado nombre; ella se llama... Pero la traición me envuelve.
XX
(10-03-06)
Más tarda la flor en nacer que en ser cortada. Y las sonrisas mueren presas del veneno accional de la traición. De regreso a la primitiva imagen del hombre. Sí, traición. ¿Dónde queda la amistad ahora? Corre la sombra ajena a los remolinos de la furia, se desplaza olvidando que es sombra por mandato del sol, no por la grandeza propia. ¿Y ella? ¿Dónde queda su opinión? En la belleza de sus ojos. Sus palabras ya están dichas, no nos traicionará, pero tampoco garantiza estar cerca. Por eso es viento: es libre. ¡Ay de aquel que intente capturarlo!
Nota: F=Fuego; V=Viento; T=Tierra; A=Agua.

11 de febrero de 2006

MIRADA A LA REALIDAD

El bosque vivía a salvo de la presencia humana. Normalmente, las personas solían rodearlo para llegar a la ciudad, aun cuando tuviesen prisa, y, con mayor razón, durante la noche. Lo más cerca que un humano estuvo dentro de él, fue a causa de un accidente, sin embargo, sólo por unos metros. Algunas veces, sobre todo los niños, salían de sus casas para mirar los enormes árboles que se alzaban a poca distancia de ellos; así había sido desde su fundación.

A diferencia de otras ciudades, Aldabia era muy pequeña, pero tenía una característica que la hacía muy peculiar: sus casas no tenía la misma forma de las otras. Éstas eran circulares y hexagonales en sus bases. Además de que las calles trazadas, vistas desde el aire, parecían ser los troncos, ramas y raíces de los árboles. La poca luz que en ellas había durante la noche, le daba un toque antiguo y misterioso, pero era todo lo contrario. No hacía más de cincuenta años que fue fundada. La finalidad de la ciudad era servir como sitio de descanso a los viajeros que se dirigían a la capital.

“El bosque se encontraba hechizado”. Al menos eso decían los habitantes a todo viajero que llegaba. Por las noches se veían sombras vagar sobre él. Algunas ocasiones se aparecían luces y se escuchaba un leve susurro proveniente del centro, como si alguien cantara. Y por si fuera poco, el famoso accidente había sido provocado por una rama tirada, por el mismo árbol que yacía junto, a media carretera. Definitivamente el bosque estaba encantado. Ese árbol capaz de desprenderse de sus propias ramas era la prueba de ello.

Como suele pasar cuando algo raro ocurre, las noticias acerca del bosque llegaron a la capital. Ahí analizaron detenidamente el caso. Revisaron la ubicación geográfica de Aldabia. Investigaron la fecha del accidente, estudiaron los días de aparición de las sombras y luces, con qué frecuencia se hacía, finalmente, enviaron a dos jóvenes investigadores a explorar el lugar. Adrián y Melisa se llamaban.

Sin autorización de nadie, los jóvenes se adentraron al bosque. Estaban decididos a responder todos los enigmas surgidos. Durante tres días avanzaron en el interior del boscaje sin vivir una experiencia anormal. Su afán de encontrar una respuesta les hizo descuidar sus cosas y a ellos mismos. Al cuarto día tuvieron el encuentro esperado por tanto tiempo. No fue lo que creían; víctimas del pánico, corrieron sin rumbo alguno hasta llegar a un claro, justo al centro del bosque. Olvidaron sus cosas en algún lugar. Sin mapa, brújula, alimentos ni nada, Adrián y Melisa murieron sin ser conocidos por alguien de Aldabia. Sólo se encontró su vehículo.

Al entrar al bosque, los compañeros tomaron caminos distintos. Melisa siguió una vereda mientras Adrián atravesaba las pequeñas colinas. En cuanto a la joven, ella alzaba su tienda temprano y despertaba hasta muy entrada la mañana sin preocupación alguna: jamás creyó en la leyenda de ese bosque, pero le interesaba el asunto. Adrián, por su parte, dormía muy tarde y, antes de salir el sol, se encontraba en camino, todo producto del miedo que sentía. Sólo fue allá porque había mucho dinero de por medio. Al mismo tiempo que ella corría espantada por las sombras, Adrián se alejaba de las luces y cantos del bosque hasta que ambos llegaron al claro con diferencia de segundos. Ella quería irse de ahí mientras él no tenía intención de moverse; la situación en la que se encontraban les causó la muerte.

Aldabia fue abandonada dos años después porque nadie quiso seguir cerca de aquel lugar. Mucho tiempo soportaron los “ataques” del bosque, pero éstos no eran suficientes para que la población quedara a merced de la naturaleza. El problema de todo aquello fue un error de medición: Aldabia tuvo que haber sido fundada un par de kilómetros al sur. Con ello se hubieran ahorrado cuatro horas de viaje, no hubieran tenido que soportar al bosque y, sobre todo, los habitantes del poblado hubieran podido ser grandes comerciantes. Tiempo después, el bosque fue quemado por unos bandidos que asaltaron la capital.




ÚLTIMO ALIENTO

Es el momento de
sacarlos del olvido,

de desempolvar sus tradiciones,
de contar una vez más
sus leyendas.

Aprenderemos más a conocerlos
un poco mejor y, por tanto,
a amarlos,
a respetarlos y a temerlos.

www.seresmitologicos.com


– “La Historia es un continuo devenir de guerras entre hombres, una constante se repite siempre: el poder. Los tiempos continúan con pequeñas o largas treguas, a veces parece que habrá paz perpetua, pero las batallas comienzan de nuevo…” Yo no recuerdo esa paz, la dice el libro antiguo que llevo conmigo y leo cuando puedo. No hay tranquilidad desde que nuestra lucha comenzó, hace ya muchos años, cuando las bestias aparecieron producto de algo que ignoro. Cada paso que avanzamos significa un soldado menos. ¡Si alguien detuviera esta batalla! El destino forjó con su mano diestra nuestro sacrificio…
» Nada sobrevivirá el día de mañana, no mientras “ellos” continúen de pie. Las voces se van callando cada vez más, voces de aquellos que perecen en el campo, voces que suplican por su vida sin ser escuchadas. Mil caídas están provocándose día a día, no he visto ningún levantamiento. ¡Qué pasó! Recuerdo haber visto ayer un pueblo rebosante de vida, hoy solamente existe un paisaje devastado. El viento que antes cantaba regocijado bajo esa manta tan blanca con la que solían cubrirse los gigantes hoy transporta el hedor de todo el orbe; yo sólo quiero respirar el aire de las montañas otra vez, ya me harté de oler el polvo de los muertos.
» Una gran sombra ha crecido proveniente del norte, por eso he olvidado la claridad del día y la quietud de la noche así como todo lo demás. En medio de esta lucha la noción del tiempo se ha perdido. Ya no hay Historia, sólo existen las armas y la guerra, la eterna noche y el enemigo que en ella habita y destruye; no queda nada...
» Avanzamos sin un rumbo perseguidos por la calumnia que cubrió al mundo. Después de separarnos muchos de nuestros líderes sucumbieron ante “ellos”, ahora quedamos pocos para hacer frente a esas abominaciones ¡¿Por qué han venido?!
» Continuamos luchando por la causa que sólo unos cuantos pueden evocar, pero que casi nadie conoce en verdad…


– Nada sabe nuestro guía acerca de nuestro futuro, parece no importarle. A mi lado los soldados caen traspasados por las armas del enemigo, por sus zarpas horrendas. Ya no tengo fuerza para continuar, ha sido tan larga esta batalla, ¡necesitamos comida y agua, no sangre! Hemos sido olvidados por todos. ¡Al fin! Se retiran, ¡hemos vencido! Pronto volverán con fuerzas duplicadas para destruirnos por completo, no sienten piedad por nada. Quisiera no haber nacido en este mundo cenagoso donde la oscuridad nos rodea y los muertos son nuestro alimento.
» Es momento de juntarnos, de saber cuántos han muerto esta vez y organizarnos para el siguiente combate… Nos han dicho que debemos subir la montaña, no es una buena idea, podrían emboscarnos, pero es mejor que permanecer aquí abajo mirando al cielo en busca de un halo de esperanza.


La columna de soldados arrastraba los pies conforme ascendía la pendiente. Las abolladas armaduras les pesaban a sus portadores, por lo que poco a poco iban siendo abandonas las piezas más maltratadas y aquellas que no fueran tan necesarias. Una nube de polvo se levantaba lentamente conforme la marcha apuraba el paso.
En un terreno tan agrietado era difícil avanzar con velocidad, mas el deseo por encontrarse lejos del yermo alentaba a los guerreros a proseguir. Muchos caían en el camino, pero eran dejados atrás por sus compañeros de armas: nadie quería arriesgarse a morir por ayudar a un moribundo. El trayecto era largo, les llevaría más de un día alcanzar la cima.
– Por fin esta batalla que duró tanto parece tener un momento de tranquilidad, pero aún no termina, sigue fresca la sangre del enemigo… ya no sé quién es mi verdadero enemigo. Hoy murieron la mitad de mis hombres…yo ya no quiero saber nada; únicamente siento cansancio y mucho frío, sí, un frío inmenso que incluso hace tiritar a mi alma. Ahora celebramos un triunfo temporal que nos dará tiempo de refugiarnos en las alturas, pero, como todo, en la mañana (si esta existe todavía) la victoria será relegada al olvido.
» Estoy buscando un refugio aquí, dentro de esta cueva húmeda y solitaria mientras mis hombres procuran dormir a la intemperie temerosos hasta del mismo aire. Yo jamás conocí el miedo, ni siquiera el dolor, al contrarío, la paz no sólo reinaba en mí, si no también en los que me rodeaban. Era tan apacible mi lugar de procedencia: aquellos valles llenos de vida y ese viento que nos cantaba al oído; ahora es crudo y amargo…
» Es el momento de Su Verdad, de su regreso desde que el hombre los perdió de la memoria… Hoy hay que temerlos. Ya casi no quedan combatientes, ya no tenemos sangre para derramar, tan sólo cansancio. Ese bendito cansancio que hace olvidar… No hemos tenido tregua alguna desde que la venida de esos monstruos originó la guerra.
» Pero prevalezco con pie firme porque mi orgullo no me permitirá vencerme, aunque mi espada tenga que cobrar más vidas, algunas, quizá, inocentes. No sé cuanto viajes realizo al pasado mientras la sangre cubre mi rostro. Continuo viviendo del ayer, guío a mis hombres no sé si a la victoria, sin embargo, nadie se da cuenta de que ahora soy un autómata más que lucha con el instinto de un falso guerrero. No, tal vez no pueda continuar. Tengo tanto sueño y tanto que pensar al mismo tiempo. Si en este momento uno de aquellos seres supremos llegase a mí y me atravesara con una espada no metería mi torpe mano para defenderme…

No pasaron más de dos minutos cuando el hombre transformó su suerte en dos segundos de agonía. A su mente regresaron aquellas imágenes de amor y muerte, borrosas pero inconfundibles. El aire cálido mecía las ramas con gran delicadeza mientras el general acariciaba el rostro de su dama. Gozó del amor cuando se entregó a la lujuria, que lo fundió con un beso. Supo ceder ante una caricia suave que le hizo perder el control de sus sentidos, excepto el tacto, del cual se dejó guiar. De pronto, una flecha atravesó el delicado cuerpo con una dócil pero fatal caricia, el cuerpo caía como una pluma entre sus brazos… Aquel recuerdo lo traía presente desde el momento en que ocurrió, entonces se dedicó a destruir al enemigo tras la muerte de la mujer que amaba, la única que quiso y le fue arrebatada.
– Esto es absurdo, yo lo conocí cuando era un hombre fuerte, valiente, de una fortaleza verdaderamente irrompible, indestructible… Sobre todo era un hombre cuerdo y justo, digno del cargo que desempeñaba, el día de hoy se ha convertido en un guiñapo, un muñeco de madera que ya no puede moverse más. No reconozco en él al hombre que me entregó el libro. Verlo ahí sentado dormitando, pero con la mente alerta, me hace pensar en que se ha trastornado por completo. Ya no piensa ni siquiera en combatir, solamente en acabar con todo esto de una vez… Yo lo sigo… lo sigo un tanto por admiración y otro por lástima: ha sido mi compañero de armas desde el inicio de la guerra. Empero, qué puedo decir de él si yo también estoy cansado, todos lo estamos. Necesito dormir, pero debo mantenerme alerta.
» Los soldados se colocan los yelmos y afilan las espadas esperando el momento de luchar nuevamente. El cielo truena, no es buen augurio. Parece que los dioses se fueron, estamos solos. Junto a mi compañero he querido llegar con otros grupos de humanos supervivientes, temo que seamos los últimos, él lo sabe, por eso descansa ahora después de tanto tiempo, porque será la última vez que lo haga… ¡Se acercan! Exhorto a los soldados a combatir, tan sólo la muerte nos aguarda. ¡Vamos! Acabemos con “ellos”, no dejemos ni uno solo. ¡Tomen sus armas, corten su cuello como si fuera papel…!


– Imposible es ver el regreso de la vida antigua, verdadera, llena de armonía. Temo que nuestro líder sepa nuestro fin definitivo y lo oculte. Nadie más que él conoce lo que nos acontecerá: siempre mantiene los ojos abiertos, nunca lo veo dormir. Gracias a su vigilancia pudimos vencer, a pesar de la gran cantidad de hermanos que perdimos. Aunque, desde que subimos ninguno de nosotros lo ha visto a él, debió entrar a alguna cueva de las tantas que existen.
» ¡Ya vienen! Escucho sus grotescas voces, si son palabras los rugidos provenientes de sus gargantas. Están furiosos. Saben que nos encontramos aquí arriba y vendrán a vengar la muerte de los suyos. Presiento que nos han rodeado. El segundo al mando nos ordena prepararnos para combatir. Estoy seguro de que esta vez no sobreviviremos. Tengo miedo.


– El eco de los gritos resuena por el espacio, las espadas están manchadas y continúan despedazando a las bestias. Nos hemos separado de los otros tras el choque de armas. He escuchado los gritos desesperados de mis compañeros al morir ¡Somos mortales en cuerpo pero eternos en la mente! Aunque dudo que alguien salga con vida de esto para poder recordar…


– ¡Un escudo! ¡Por favor, un escudo! Si alguien logra escapar dé aviso de nuestra muerte, no deje nuestros cuerpos a merced de la naturaleza ¡Allá vienen más! No seré el cobarde que huya. ¡Muerte! Me he cansado de vivir en la podredumbre. ¡Muerte para todos! Los gusanos están gordos por comer de nuestra carne, que se alimenten de la suya, de “ellos”. ¡Muerte al enemigo! No veré morir a más humanos. ¡Demostrémosles nuestro poder! ¿Alguien tiene un escudo? ¡Mueran todos!
» ¡Ha caído! Nuestro líder ha caído. Ya es momento de partir junto a los otros. ¡Vayamos a unírnosles!

– El pánico nos ha invadido: he visto a un guerrero volverse loco y correr golpeando a diestra y siniestra hasta ser presa de esos monstruos… no tardarán en morir los demás ¿Qué pecado cometimos?
» Mi espada se ha roto, debo dejar actuar al destino ¡Cruel vida!

El general despertó, abrió los ojos, una lágrima escapo a sus párpados, pero de inmediato la secó manchando su cara de mugre y sangre. Tomo su espada y salió nuevamente a terminar su propia batalla. Sólo entonces entendió el objetivo de su lucha: él no defendía a su raza ni a su pueblo, ya no tenía orgullo ni sentimiento alguno, únicamente deseaba su muerte para poder viajar al lado de ese ángel que le susurraba al oído que soltara la espada, volviera el rostro y descansara para siempre. No era orgullo lo que lo motivaba, sino ese inextinguible deseo de morir.
– Este es mi último esfuerzo, el último aliento antes de irme por completo. Ya no quiero matar más, estoy asqueado por ver los muertos atravesados en los caminos, mis soldados ya no pueden seguir en pie. No son los suficientes para luchar. Intenté unirme con los demás humanos, pero todos ellos ya se han reunido en el otro mundo, tan sólo quedamos nosotros. Todos tienen un gran vacío que les provoca temor, su vista se ha perdido al momento de combatir.
» ¡Oh, amada mía, a esto vine a parar! Y aún no acaba: mi fulgor deambula como lo hacían los brujos, maestros de la transformación, al ser perseguidos; y de ser una torre de cristal me he convertido en una tumba de lodo. ¿Cómo vencer lo que no se comprende con una mente tambaleante?

De repente, como un suicida, el general por fin hizo caso a aquel ser que lo contemplaba: tiró la espada y se volvió de espaldas, su cuerpo cayó lentamente al suelo con la vista en la húmeda tierra. La herida derramaba sangre pero la expresión de su mirada denotaba una paz y armonía que ya nadie podía deshacer. Había logrado su objetivo sin importarle lo demás… A su lado había quedado su fiel compañero de batallas muerto de la misma manera y portando la misma mirada…
Un soplido sordo cruzó aquel plano. Después un grupo de guardianes alados cubrió todos los cuerpos con un manto blanco de nieve: aquellos mundos ahora habían quedado ocultos y suspendidos entre la capa de hielo, a la espera de la llegada de otros tiempos más apacibles y menos contrastantes, de gente que ocupara el lugar de aquel soldado y de su valiente general.