En tiempos en que la tecnología nos carcome, este blog intenta demostrar como un poeta que sabe sobre metáforas ignora todo sobre computadoras.
29 de mayo de 2006
MUJERES DE COLORES (VI. Luna)
Aspiro con lentitud el calor
esperando la llegada de la noche.
Lo único que necesito
es un poco de tu gélido aliento
para nacer como flor bajo la nieve.
Entonces salto al cielo lactoso
y nado sobre el envés de la luna
y vuelo alrededor del mundo
en mi navío alado mientras tú descansas
recargada un árbol siempre verde.
Luego la noche se va apagando
pero el día no llega.
Los hombres se destruyen en la oscuridad
regando con dolor las plantas,
olvidando los bellos sentimientos,
y nos persiguen a nosotros
que amamos en tiempos escarlatas.
Las furias se desatan
y con ira golpean el suelo
hasta que permanecemos
uno con uno frente a frente,
solos, cual huérfanos,
unidos en la negrura de la nada.
Emana la luz de tu corazón
reflejándose en mis manos pálidas,
sollozas.
De una lágrima el mundo es creado:
el día es bello
porque el sol alumbra a los nuevos seres,
pero la noche es más hermosa
con su perla en el cielo.
MUJERES DE COLORES (VI. Luna)
Recordaba el viejo consejo
y me pregunté si tú eras la elegida:
¿llegaste sola o yo te hablé?
¿Finjo ser un tonto
o me he enamorado sin darme cuenta?
Te alucino.
Los campos no son iguales ahora,
antes verdes, amarillos,
de rojo fuego y a veces grises;
mas hoy, en pleno invierno,
los blancos, azules,
incluso hasta morados, dominan.
Me embriago de alegría por conocerte,
en la noche te llevo serenata
con mi coro de sapos y grillos
esperando seas princesa y me salves,
y no un gato que me coma.
Pero no es sencillo llegar a ti
con la muralla de hombres urgidos
que te rodea.
¿Escalar?
Mejor dar un brinco.
¿Asediar, tumbar?
Prefiero esperar a que seas tú
quien abra la puerta y me invite a entrar.
Tu corona, de plata,
tu piel de nieve,
el cabello es miel,
tus ojos...
son tan hermosos tus ojos.
¿Tengo posibilidad de ser rey?
MUJERES DE COLORES (VI. Luna)
Vistes negro y blanco
cuando el clima es rojo;
te sujetas al azul y verde
cuando de gris se cubre el cielo.
Me ves, sonríes con malicia:
lanzas tus palabras que caen
como rayos a mi mente.
Tu castigo a mí comienza.
Con el rostro quemado,
aún con brazas,
y el alma redimida por tu amor
avanzo entre la maleza:
te sigo.
La cara rocosa se queja del tiempo.
Mis lentes se cansan de mostrar
las mentiras de hombres.
Mi energía toda es consumida.
En tu brazo derecho pesas al escorpión,
con él colocas mis principios, mis saberes,
mi destreza, mi amor...
Del otros lado está el mundo
con sus peces y cangrejos,
sus centauros, cabras y toros.
Miras la balanza moverse con rapidez,
arriba, abajo, arriba...
Al centro de una planicie
se observa una pareja recostada,
las manos entrelazadas,
la mirada en los ojos del otro.
Está ella y estoy yo.
Es de noche y llueve.
MUJERES DE COLORES (VI.Luna)
Me hablaste cuando no miraba,
en el crepúsculo ausente
mientras mis manos hurgaban el suelo.
La conciencia amargada
rechazó por un momento tus palabras.
En la frente un ojo de pavo real
veía tu estado interno,
no hubo mal que me intimidara.
Entendía las palabras como espuma,
pero tu ondínica figura
me hizo comprender mi error.
Erguí mi cuello,
luego me sumergí en el cercano mar
(sin él podría haber muerto),
y escuché.
Cantabas y danzabas.
Me enamoré de ti,
pero estabas lejos, tan blanca,
en el cielo hermoso,
así que estiré mis brazos azules
sin importarme hundir la tierra
e intenté abrazarte cada vez que te aproximabas.
Transcurre el tiempo,
no consigo llegar hasta tu hogar.
Le pediré a las gaviotas me levanten con fuerza,
a las gaviotas, a los albatros;
a las sirenas les pediré una perla,
la más hermosa,
para que cuelgue en tu cuello,
y me darán estrellas y conchas para tu cabello...
Estoy solo,
pero en la noche te observo en silencio
extasiado por tanta belleza,
y escucho tu voz,
que canta, me llama;
un día volaré en el firmamento
o tú nadaras en mi casa.
MUJERES DE COLORES (VI. Luna)
VIVIFICACIÓN
Entre el cielo y la tierra
es risa silenciosa:
infinidad de palabras ahogadas.
Sus ojos sabios lloran lágrimas de zafiro
en su coraza de flores.
Es el crepúsculo,
la balada en medio de la noche,
con el laúd y la flauta,
el arpa y los tambores.
El bosque nos rodea
pues en medio de un claro estamos,
que la danza inicie.
Es ensueño alegórico
de fantasía europea
nacida de capullos inmaculados.
Con el grito de ¡angeltzin, angeltzin!,
le canto al oído:
Eres Luna eterna
que nada en la espuma del cielo,
sueño de mi sueño;
lluvia de sabores dulces,
de estrellas, de gemas;
dueña de los actos que cometo: mi locura.
Tu voz, sonidos de hadas,
acaricia la piel de blanco terciopelo
tan amada por mí.
Tus ojos de agua me someten,
sirena risueña.
Te canto y adoro.
Si el odio hirviera mi pecho
sería por tu muerte
y nacería el aullido
en mis labios dolidos y secos.
Con la suavidad de algodón
sus palabras penetran mi cuerpo,
es más que sueños plateados
de la noche espesa.
Es constante alineación de viejas ideas,
vivir y morir por igual: renacer.
Es sencillez y dulzura
en un cielo nocturno que sabe a gloria.
22 de mayo de 2006
MUJERES DE COLORES (V. Sol)
Del abismo a la cima:
el cabello trenzado me auxilia
después vuela entre montañas
hasta llegar a desérticas tierras.
La arena me ataca.
Despierto.
El Astro Rey golpea mi cuerpo,
es su coraza amarilla
y su lanza escarlata.
Desea alejarme del mar.
Mi mente que divaga
evoca los años de fuerza
cuando los saltos eran vida,
una vida iluminada por rezos.
Decaen las almas mortíferas
intentando apuñalarme:
corre con sus ojos vivos
y su larga cabellera negra;
de la mano me lleva.
De la tierra al mar:
extiende sus ojos negros
y sus mejillas rosadas
adquieren más color.
Sonríe,
su voz se confunde con canto.
Me eleva hasta el cielo diurno.
MUJERES DE COLORES (V. Sol)
Reanuda labores visibles,
su cabello cortado
le permite jugar con el viento.
Su cuerpo pálido se acopla a la banda sonora
y desfila en las calles multicolores
de masas devoradoras;
el débil corazón se corrompe.
Ha quedado atrás la armonía
del cerebro orgulloso...
No hay respuesta,
evoca, evoca,
cada reminiscencia desaparecida,
todo lazo de espíritu.
No es ella la misma,
la dulce doncella murió.
De regreso a la tierra mi mirada llora,
prefiere de nuevo el mar.
Blanca figura me llama,
ya no es negro el cabello
quemado por el sol.
Palabras pretéritas se cruzan
mientras me libro del dardo arrojado.
Más fuego.
No hay cielo,
son rayos que queman mi rostro.
No hay rezo,
son palabras venenosas
las que intentan transformarme.
Un traslúcido escudo me cubre.
Un colibrí cercano me habla
dando esperanza al cuerpo quemado.
Su néctar mieloso,
traído desde en valle florido,
me permite observar sin ser visto.
Y la dama corre malvada,
la piel de alcatraz,
el cabello terroso,
hacia la gente que adora,
que habrá de coronarle con ritos herejes
y profanación a su cuerpo.
MUJERES DE COLORES (V. Sol)
Curiosa la niña obedece al instinto.
Su sangre se excita
en el puerto del este.
Su fama se esparce
sin alcanzar gloria
de la capital a la costa.
Busca a la gente,
su cadera se mueve con ritmo:
le encanta la pasarela,
el aplauso, los gritos...
No conoce su suerte,
su único objeto es ser la mejor.
Viste agresivo rojo,
en las piernas el negro luce,
la piel dorada,
sus ojos, miel.
La noche acaricia sus curvas,
el aliento pide alcohol
para perderse en sentimiento
pues en el fondo es poeta,
su tema, locura y pasión.
Pero de día,
mientras gobierna el sol,
el cabello cobrizo teñido de mil formas,
es suave al contacto,
te atrapa como enredadera.
Y los labios delineados finamente
mienten llenos de furia
a pesar de la linda sonrisa,
mienten para no recurrir al espejo.
MUJERES DE COLORES (V. Sol)
Tambores en marcha,
estandartes violetas,
las pisadas en negro lodo,
el graznido a mi cabeza
(graznar no es igual al trinar).
Debo correr.
Con fino andar se acerca,
la mirada de grulla discreta,
las plumas, cortantes como escamas.
Me ha escuchado,
vuela, me atrapa...
El sentimiento fue reemplazado
por vanas aspiraciones
de grandeza y dominio:
modela, bebe, danza,
así lo desean la hienas
que devoran a las aves bellas
llenas de color.
Ninfas y hadas huyen
de las bestias carroñeras
deseosas de carne fresca.
El brazo señala el desierto,
eso o el ingreso a su vida
-¡no hay muerte!-.
Mi destino me guía al exilio,
allí la vida no se comporta
como otros quieren.
Primero avanzo de oasis en oasis,
luego rodeando las dunas,
al final me pierdo en remolinos y tormentas.
¡Amarillo, sólo amarillo veo!
Pareciera no existir la noche.
Aun así camino sin detenerme.
MUJERES DE COLORES (V. Sol)
Me seco,
la sed se apodera de mí;
estoy solo entre valles.
Ella... vuela como buitre
esperando ver mi cadáver.
El día es morado
igual que mi piel;
el dolor aumenta.
La costa me llama
con blanca voz.
Ella... su baile
entre olas es suave,
verde,
de ninfa coqueta,
con hojas cubierta,
doradas,
cafés.
Casi es primavera:
los rayos fecundan
los juegos de niños:
el tacto.
Oscura la sombra
protege mi cuerpo
del brillo aéreo
envidiosa de mí.
Ella... en un árbol espera
mi paso cansado.
Asciende, asciende,
la luz en mi rostro.
10 de mayo de 2006
PRINCESITA
ya recuerdas tus pecados.
Mas fui yo cruel orgullo entre tus manos.
Princesa mía, ¿te has ido eternamente
o tu vuelta he de esperar?
Mira que el cristal no se repone
cuando fragmentado queda en la sombra.
Si yo mentí, tú eludiste;
si preguntaba, hacia Erebo dirigías tu hablar.
Princesa sola, ten piedad.
Fuiste un susurro sin suspiros,
esperanza salvatoria
Siempre en pena, solitaria princesita.
No sincera en la zona de zozobra
y serás primera en vacilar.
Princesa tonta, no perfecta:
sé mujer y no princesa.
Sin las rosas pude irme
como agua sin torrente.
Ya soy libre,
Princesa mía, escúchalo:
¡Oh princesa..!
Adiós
CONSUMIDO AULLIDO
golpea cada cuerpo despojado.
Ya muere, se olvida torpe rayo lunar.
La faz de suspiro agonizante brilla
hasta tribular sin agua alguna,
las nubes se han marchado.
Corre perfecta, bestia inmaculada,
blanca espiga alumbrante.
Las aullidos tímpanos revientan
cual dolor no sangra en rojo.
Hoy fallece.
La noche oscura solitaria
pasa arrastrando pies colgantes,
no hay seña visible.
En fría hora habrá de correr,
negra sombra fugaz.
La expresión desaparece,
fenecido el sabio está.
¡Valor, fuerza, coraje,
vuelan al cielo perdidos!
Humo blanco se levanta.
Las nubes ya vuelven cargadas.
Arde una fogata al interior,
y espectros danzan gritando:
“Un momento no es nada,
una vida tampoco”.
HOY
hoy el sol por fin se ha rendido.
Mis plegarias fueron escuchadas
y la bendición cae del cielo
para purificar mi cuerpo seco.
Hoy, como anuncio a término esperado,
hoy llueve poco y lentamente.
Los audaces siervos bailan,
los vacíos caudales corren
y una vez más la esperanza de salvarme surge.
¡Llueve! ¡Llueve!
¿Es que llora el cielo
o se apiada de su hijo?
¡Llueve! ¡Llueve!
Feliz canta mi alma al paraíso.
Hoy me siento recordado.
SIN TÍTULO
me veo buscando un escalón,
y poco a poco voy subiendo
mientras mi alma regresa
a los oscuros calabozos
donde alguna vez mi cuerpo estuvo.
Volteo y no miro aquel infierno.
Mi mente ya no busca nada
porque nada existe entre los cuerpos
para darme otra esperanza.
Mas las llamas necesito,
sin ellas nunca hubiese amado.
Me perdí contando los peldaños,
invisibles, solos, incompletos;
ahora duermo en un túnel.
Pero mi brazo tendido sobre el cielo cae.
Lo siento, no puedo cambiar.
No, he caído para siempre.
Estoy perdido una y otra vez,
perdido en el olvido de las mentes.
Y mi sangre regada, coagulada,
grita los horrores que vivió.
El cuerpo arde por las llagas
puestas ahí por la eternidad.
¿Cómo pasó todo?
No estás; ahora vas, corres.
Lastimas todo alrededor mío,
a mí, mi vida.
¡Provócame hoy!
¡Provócame hasta expulsar el dolor!;
hazme volver alumbrado por una estrella.
Quiero oír tu voz,
puesto que tus manos las he tocado ya,
sentido entre el viento y la brisa,
con el mar que muere conmigo
y la luna apagada en la noche.
¡Oh, tu voz...!
Horas y horas buscando una salida;
el techo se derrumba aplastándome,
me lleva de vuelta al averno
donde provoca lo fino daño altivo;
no recurre a otros papeles, daño vivo.
Pronto vuelan las cenizas
de mi alma calcinada, sin vida,
hasta extrañar cada sentido sin soledad
y encuentre la paz conjunta
con los residuos en abandono mutuo.
¿Habré muerto sólo por deseo,
o he caído por castigo a mis pecados?
No logro mantenerme arriba.
Los escalones de espinas rasgan mi carne.
Ya no hay túnel.
MUJERES DE COLORES (IV. Agua)
Silencio
Agonizo
La marea me cubre con azules sábanas.
Aquellos labios recorren mi cuerpo,
consigo aspirar la esencia de la noche.
La muerte se aleja.
Me visto con el viento cristalino,
sondeo las mentes de los débiles,
no me atrevo a mirar la tuya:
sonreímos con simpatía
cuando nuestras miradas se cruzan.
Eres blanca, soy azul.
Intentas no hablarme siempre,
te escurres entre la gente;
juegas con mi latidos.
Tu presencia de niña hermosa armoniza
con la imagen tierna que alucino.
Un sol oscuro nos invita a caminar,
a separarnos de los autómatas colegas.
–Amémonos- me dices con bella voz.
Era yo el cadáver y tú la ninfa,
¿cuándo terminé con vida extra?
Comienzo un ciclo nuevo a tu lado,
los días se apagan cuando estamos solos.
No es posible amar sin ser amado…
extraña unión la nuestra.
MUJERES DE COLORES (IV. Agua)
Las llamas quemaron mi alma
pero no acabaron con mi amor
porque Ella vive en mí,
llena un vacío irremediable
que no me satisface
Las llamas se expanden por mi ser,
pero una pequeña gota azul
me ha salvado.
Una lágrima que escurre
triste por su mejilla.
La aurora me envuelve,
lívida capa sin forma;
azul, plateada, roja;
la flama verdusca
que imagina asfixiarme.
¡Ay de ti, que sola quedas!
Gota azul, gota rota.
Te desprendes y…
¡Ay!,
que por poco mueres.
¡Oh! ¡Mi pequeña gota azul!