6 de diciembre de 2005

VIRAJE

Vintreza:
La caricia de tus manos,
el susurro otoñal en la noche;
tus labios mudos de amor,
la lucha entre un encuentro de miradas.

Tú me vences,
mi ausencia te extraña.
A veces el canto del ave
sangra mi cuerpo.
¡Que termine mi martirio!

¿Dejar a las llamas crecer?
Su voz en el aire,
la nieve en ventisca,
la tormenta de invierno que abraza.

Caminar con su cuerpo en brazos,
dejar al llanto ser,
reír, jugar, correr:
virar hacia el sur
donde el fuego domina...

Yaznäm:
El volcán encendido,
furiosa la tierra tiembla.
tus ojos en los míos,
el estío interminable.

Me absorbe el desierto rojo,
se levanta de la tumba el sentimiento,
La arena vuela en mi boca.
¡que renazca mi llanto!
¿Dónde ha quedado la humedad de antaño?

¿Dejar soplar al viento?
Lluvia de estrellas cristalizadas,
la entrada al vaío,
el verano insistente:
Caer, dormir, amar.

Me libera su mirada,
dejar al alma salir...
Y me quemó;
virar al cielo...

El tacto de su cuerpo,
la flama azul en la roja nieve;
nuestros cuerpos enlazados,
esperanza y creación.
El invierno retorna en cálidos copos.

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